La importancia de la familia en la formación de las nuevas generaciones
Por Rick Warren
Tomemos conciencia que la crianza de los niños ocurre en el seno de la familia que es un núcleo de relaciones, y donde la madre, sobre todo en los primeros años de edad de los hijos, tiene especial importancia. La familia es la institución que debería ser la mas protegida, la que más se defienda, donde más se enseñara la educación y formación, ya que de allí vendrán los nuevos ciudadanos, los hombres futuro, para lograr los cambios en la sociedad que vivimos. Necesitamos mas información, para que haya mas materialidad, mas tiempo para dedicarle a los pequeños, y gozar de verdad del sagrado deber de ser madres.
En la familia es donde se tienen las primeras experiencias de aprendizaje, se enseñan valores, se acuerdan normas, se desarrollan los primeros hábitos, se inicia la convivencia con otras personas. También es el grupo que ofrece amor, seguridad, protección y bienestar necesarios para todo individuo, en fin, podemos decir que es la fuente de crecimiento para hombres y mujeres.
No hay duda que el hogar es el centro de formación de las nuevas generaciones, y los padres los maestros para que los niños aprendan y en ellos se construya la base de unos corazones llenos de Dios, que es el cambio que nuestra humanidad necesita. En la infancia se requiere básicamente de la ayuda, cuidados y amor de los adultos, en estos primeros años, los padres son testigos de los éxitos de sus hijos, como son los primeros pasos y sus primeras palabras. En la pubertad y la adolescencia es indispensable la comprensión y orientación respecto a los cambios físicos y psicológicos característicos de estos períodos del desarrollo. En esta etapa los chicos y las chicas con frecuencia cambian de estado de ánimo, tienen demasiado interés por vestirse a la moda, tener novio o novia. Y los padres deben estar enterados de cómo ayudar, instruir y comprender a sus hijos.
Para terminar, diremos que somos hijos privilegiados del universo, ya que Dios con su inmenso amor nos creo para que día a día lo conozcamos, amemos y sirvamos.
No permitamos que el amor se convierta en odio si nuestros deseos no se cumplen.
El verdadero amor es la fuerza que existe en nuestro interior para ser compartido con
nuestros hijos y toda la humanidad.
Descubramos lo que es el amor, quitemos todas esas capas de ira, miedo y egoísmo que lo oscurecen y no lo dejan vivir a plenitud. Para alcanzar una vida totalmente amorosa,
purifiquemos nuestra vida actual, hagamos oración, estemos conscientes de cómo hemos actuado hasta hoy, para lograr el cambio que necesitemos, seamos auténticos
con Dios y así veremos resultados distintos a los que vivimos hoy.
La vida de nuestros hijos no espera, enseñemos a nuestros hijos a hacer oración con sus labios de niño, enseñémosles a amar la Palabra de Dios.
Recordemos que hay tiempo de cantar en vez de renegar, reír en vez de fruncir el seño
De secar lágrimas y reír, un tiempo para compartir, instruyámoslos en los caminos
Del bien, compartamos nuestras mejores actitudes y nuestro amor por la vida, nuestro amor por los demás. Hay tiempo para contestar sus preguntas y solventar sus dudas,
Para enseñarles muy pacientemente a obedecer, hay tiempo para mostrarles lo hermoso del deber cumplido, de adquirir el hábito de leer la Biblia, de gozarse en la comunión y adoración en medio de los suyos, De conocer la paz que viene por la oración.
Hay un tiempo para verlo partir valientemente a la escuela y extrañar su manera de estar siempre alrededor nuestro. De saber que hay otros que atraen su interés, pero de saber que estaremos allí para responder a su llamado cuando vuelva de la escuela.
Escucharemos con interés sus descripciones de lo que le ha acontecido en ese día.
Hay un tiempo para enseñarles a ser independientes, a tener responsabilidad, autodisciplina. Debemos ser firmes, pero afectuosos, de saber disciplinarlo con amor, porque pronto llegará el momento de dejarlos partir y de soltar los lazos que lo sujetan a nosotros.
Hay un tiempo para atesorar cada instante fugaz de su niñez, solo tenemos 18 preciosos años para inspirarlo y prepararlo para que logre una vida plena con Jesucristo en su corazón y pensamientos. Pensemos que una hora de dedicación hoy, podrá salvar año de dolor mañana. La casa puede esperar, los platos pueden esperar, todo puede esperar, pero nuestros hijos no esperan |