Los padres y la elección de noviazgo de los hijos

 

Hasta cierto punto es natural que ante el primer noviazgo de nuestros hijos, los padres nos sintamos desconcertados, quizá celosos, pues en ese momento comprendemos que ya no nos pertenecen totalmente y que esa nueva relación  puede, no sólo significar compartir el afecto, sino en alguna de sus etapas, volverse mas importante que el nuestro  Aunque racionalmente sabemos que el amor de padres, de amigos y de novios, son diferentes y que no son opuestos, no podemos evitar sentimientos muchas veces surgidos del subconsciente que denotan inseguridad de perder al hijo, miedo a su seguridad

O a que no realice una elección correcta y que por ello su vida se vea frustrada.

Esto no es un pensamiento irracional, porque al consultar las estadísticas mundiales sobre divorcio y matrimonios disfunciones de personas que en primera instancia deseaban formar un matrimonio estable y no lo lograron,  tememos por la estabilidad matrimonial de nuestros hijos.

En nuestra época, el matrimonio estable y basado en el amor es algo menos frecuente de lo que debería ser, ello no es pretexto para no procurarlo, porque solo teniendo esta meta podrá hacerse realidad en las nuevas parejas de novios que se casan.  Como padres, siempre deseamos lo mejor para nuestros hijos, quisiéramos evitarles todo sufrimiento, sin reconocer que este es necesario para desarrollar la madurez y responsabilidad y por otro lado, es parte de la vida. Algunos padres siguen considerando a sus hijos siempre sus bebes, y temen no ser necesitados por ellos, Hay que recordar que cada etapa de la vida del hijo tiene su termino y que en la adolescencia media y adultez, no debemos esperar que nuestros hijos  ¨nos necesiten sino que estén con nosotros porque nos aman y se nos acerquen para pedir nuestra orientación porque confían en nosotros.

 

Es común que los padres fomentemos en los hijos el sentimiento de que somos indispensables de muy diversas formas, que pueden oscilar desde la sobreproducción hasta la manipulación. Establecer una lucha de independencia o dependencia resulta muy perjudicial para ambos, pues crea conflictos y heridas espirituales, por ello es mejor que los padres nos preparemos mentalmente para la separación inevitable de los hijos, consecuencia de la ley de la vida. Después de todo, esta fue la finalidad con la que se trato de educarlos en la responsabilidad y autoestima.  Con variaciones, según el caso, los padres experimentamos un sentimiento de tristeza,  o perdida sentimental ante los noviazgos de nuestros hijos. Este sentimiento se realiza en frases como  asombro, negación, enojo, regateo, depresión y aceptación.  Y estas fases por las que se pasa, varían en duración, según cada caso.

Por ejemplo, recordemos la reacción de gran numero de padres ante la noticia de que su bebe de 15 años tiene su primer novio: la primera pregunta:  ¿qué tienes que?.......frase de asombro

No lo creo, tu estas muy chico o chica para  eso…o si se entero por terceras personas: No creo que tenga novio…frase de negación

De ninguna manera….. ¿Quién es ese? Frase de enojo

Que será de ellos, tan jóvenes…  ¿Quien me acompañará ahora?.....fase de depresión

Ni modo….fase de aceptación negativa……Deseo conocerlo (a) y ayudarte…..fase de aceptación positiva.

Otros padres aceptan los noviazgos como una etapa natural en la madurez psicosexual de sus hijos, generalmente son los que ya previeron esta circunstancia y habían pensado en opciones de actuación ante la misma. Además,  en estas circunstancias puede suceder que no solo como padres nos angustiamos por compartir el afecto, sino que tenemos fundadas razones para sospechar que esa elección fue mal realizada.

Y haremos aquí un pequeño análisis de estas situaciones

 

¿Qué podemos hacer ante la sospecha de una elección equivocada?  En una reunión una amiga pregunta a otra, al saber que la hija de la segunda había terminado con su novio después de 3 años de relación

¿¨Y como hiciste para que terminaran?...Este comentario nos ilustra sobre actitudes frecuentes en los padres, que denotan un criterio manipulador y falto de respeto, que habría que evitar. Ya que ante el peligro real de una mala elección debemos analizar que podemos hacer por los jóvenes para ayudarlos a recapacitar en su elección y lo primero seria tratar de razonar fríamente la situación.

¿Tenemos pruebas reales de la inconveniencia de ese noviazgo? Muchas veces se actúa solo en forma emotiva, sin conocer la realidad, lo que conduce a planteamientos subjetivos y en ocasiones equivocados. En otras oportunidades, existen elementos fundados para pensar que un noviazgo es inconveniente sobre todo cuando no coinciden con los principios morales que se han inculcado a los hijos, la conducta inadecuada del novio (a) ¿Qué actitudes hemos observado en el novio (a) que nos hacen pensar que esa relación será negativa? Cuando uno de ellos tiene vicios o defectos graves, es demasiado diferente en educación, nivel socioeconómico, sistema de valores al de nuestro(a) hijo(a) o es casado(a) no cabe duda de que nos encontramos ante problemas  reales para establecer una relación de noviazgo que  pueda conducir a un buen matrimonio.

 

Los aspectos relacionados con los valores y el respeto son esenciales para prever el tipo de relación que se tendrá en el futuro.  Si encontramos motivos para estar en desacuerdo, es importante entablar un dialogo con nuestros hijos en el cual expongamos las razones y las pruebas que tenemos para fundamentar nuestra opinión. Si esto no da resultado, la estrategia podría depender de un primer análisis de la situación, ¿son menores de edad los novios? ¿Son mayores de edad pero viven con sus padres? O ¿son mayores de edad y viven independientemente de los padres?  Estas 3 situaciones son diferentes, porque el grado de dependencia de los hijos respecto a los padres está en relación directa con el grado de derecho de los padres para con los hijos.  Los padres tienen derecho sobre los hijos en forma legal y moral. Existe el derecho inalienable de la Patria potestad, por tanto el derecho de autoridad de padres a hijos no es una invención, sino un realidad sostenida por el  estado y por el sentido común, cuando estos son menores de edad y requieren de tutela. Este derecho y obligación no se pierde, mas bien se modifica con la mayoría de edad de los hijos, quienes adquieren obligaciones respecto a sus padres, especialmente si viven con ellos y siempre podrán pedir su consejo y ayuda.

 

Fuente: Ma.Luz Casas y Ma. Angeles Ituarte



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